30 noviembre 2010


El pasado 24 de Octubre recibí el premio de la Biblioteca Insular Canaria de manos de la consejera de cultura del cabildo Gran Canario Luz Caballero.


Antes del acto estuve en la biblioteca leyendo el cuento.


El 25 de Noviembre lo presentamos en la Librería Juan Rulfo de Madrid
www.fcede.es/site/librerias/juanrulfo.aspax

Gracias a la amable invitación de Ana Garralón

(con el apoyo de César en su realización y de Enrique en la informática)
las palabras de Llanos de la Torre como editora del libro y representante de Edelvives y el trabajo de coordinación y comunicación de Paloma de la Concha) y el análisis de Luisa Mora como crítica especialista en literatura Infantil y juvenil.



¡Gracias a todos los que me acompañasteis en ambos momentos!

Luisa Mora me ha permitido publicar su presentación en la que hace un recorrido por mi trayectoria y un exhaustivo análisis del libro:

Celebramos hoy que El de-sastre perfecto ha ganado el V Concurso Internacional de Álbum Ilustrado Biblioteca Insular Cabildo de Gran Canaria. También la publicación por Edelvives de un álbum ilustrado que, en tiempos de crisis, de guerras y de caos, abre una puerta al optimismo y a la esperanza, como la mejor literatura infantil ha hecho siempre, de manera tierna y humorística. Este álbum nace premiado, lo que siempre es garantía de calidad formal, además de una oportunidad para darle visibilidad entre la ingente producción editorial. El jurado ha destacado “la coherencia y la combinación perfecta entre el texto y las ilustraciones logradas en esta obra ganadora, así como la estética moderna que presentan sus ilustraciones”. Por mi parte, quisiera insistir en esa coherencia como cualidad profesional de Rocío, una ilustradora exigente, aguda, reflexiva, que innova en cada uno de los trabajos que realiza. [Amiga desde hace más de 15 años, hemos compartido preocupaciones profesionales y vitales que nos han enriquecido mutuamente, y he tenido la suerte de seguir su desarrollo y evolución profesional siempre marcados por el compromiso. Así que me siento muy orgullosa de celebrar en este acto su premio y sus éxitos.]
Aunque la mayoría conoce a Rocío, quisiera trazar un rápido apunte de su trayectoria como ilustradora. Licenciada en Bellas Artes, ha sido galardonada con diversos premios: en dos oportunidades ha recibido el accésit al premio Lazarillo y en 2006 obtuvo el Primer Premio en el Concurso de Álbum Ilustrado “A la Orilla del Viento” por De cómo nació la memoria de El Bosque. Con más de 60 libros ilustrados en estos veinte años para SM, Anaya, Edebé, Santillana o McMillan, para no extenderme tan solo citaré Gato Guille y los monstruos, La historia del Rainbow Warrior (los dos en Kalandraka) y la serie de Matías (publicada por Ekaré) donde el topo protagonista actúa como hilo conductor para mostrar sus planteamientos sobre el trabajo del artista desde la sensibilidad e ingenuidad de unos pequeños animalitos con personalidad propia (Matías dibuja el sol, Matías pintor famoso, Matías y el color del cielo, Matías pierde su lápiz y Matías retrata a Penélope).

Ha participado en exposiciones colectivas e individuales nacionales e internacionales, en diferentes muestras y ferias de ilustración, como la de Pekín en 2009, y ha impartido conferencias, cursos y talleres en Madrid, Guadalajara, Málaga, Alicante, Granada, etc. Todo ello ha fortalecido su capacidad pedagógica y su interés por la condición infantil: preocupada por la recepción de sus historias, suele contar con la opinión de sus dos hijos, a quienes retrata con frecuencia. Además, asiste de forma habitual a la feria del Libro de Bolonia, lo que le ha permitido entrar en contacto con la obra de numerosos colegas, que sigue con interés, como ocurre con Peter Sís. Ella misma reconoce que bebe también de otros artistas notables, como la atrevida ilustradora italiana Beatrice Alemagna (maestra en el uso del collage y en la combinación de distintos materiales), siente afinidad con el humor surrealista del Gorey de Tristán encoge, el Delphine Durand del Niño escarabajo, estudia las propuestas gráficas de Max Velthuijs y de los anglosajones Tony Ross, Quentin Blake así como del Premio H. C. Andersen Anthony Browne. Entre otras influencias cercanas, defiende la rica tradición pictórica española: Velázquez, Goya, Sorolla, Miró, Picasso, Chillida, son algunos de sus favoritos. Debido a su espíritu creativo no es fácil encuadrarla en una escuela o en un grupo de estilo definido: sus planteamientos están al servicio de lo que quiere contar. Con esa voz propia, poco convencional, ha forjado un horizonte creativo que adquiere cada vez más proyección internacional en editoriales de Venezuela, Japón e Inglaterra.

La filosofía de trabajo de Rocío es rigurosa, siempre en pos de la obra bien hecha, especialmente en los detalles. Exigente, como un buen chef, busca calidad aunando las recetas tradicionales de la cocina mediterránea clásica, a base de ricos ingredientes, con las nuevas técnicas “culinarias”, como el collage o el lenguaje cinematográfico. Da gusto entrar en su cocina de ilustradora, cuando despliega sus ideas, después de armar los bocetos, y comprobar que ha elegido el blanco roto o el tono garbanzo, que nunca es el blanco sin más. El resultado es visual, a veces táctil, oloroso e, incluso, musical.

Cuando es la autora del texto logra que sus libros tengan una concepción homogénea y coherente: desde hace algunos años, escribe historias que le permiten narrar simultáneamente en el plano gráfico y en el verbal. Empezó a escribir sobre sus preocupaciones y anhelos porque necesitaba un material literario estimulante al que conferir su expresión gráfica. Igual que el sastre protagonista de este álbum ilustrado, suele ser flexible e imaginativa, tanto en la resolución formal como en la estructura de cada libro, alimentando las preocupaciones vitales de personajes inquietos, que intentan transformar el mundo en el que viven. Son personajes de una gran plasticidad que abordan temas universales como la creación, la responsabilidad personal, la importancia de la naturaleza, el valor de la autocrítica o de la subjetividad.

Fruto de su autoría integral es El de-sastre perfecto una obra contemporánea que, sin embargo, no se sitúa en un tiempo concreto (es el tiempo de los cuentos y, al fin y al cabo, guerras ha habido siempre) y que está deslocalizada, aunque el jurado la asociara con la geografía Latinoamericana. Llama la atención que los denominados paratextos (cubierta, título, guardas y dedicatoria, que normalmente aportan una información complementaria) afectan al proceso de construcción de significados. Para empezar, con el título se hace un guiño al lector. El humor es lo que queda cuando no se entiende la realidad y así éste se instala en el lenguaje y las situaciones desde un título que “descoloca” con el oxímoron, creando un contexto de términos antitéticos que difícilmente entran en relación. La arquitectura de conceptos simétricos de fuerte poder comunicativo, aumenta la coherencia global del texto: paz/guerra; orden/desorden; realidad/ficción, medidas y cálculos/colorido tropical y estridente, los uniformes de los militares y los trajes “pulcramente” diseñados por el sastre, etc. Contrastes equilibrados en la pareja de personajes del taller, el sastre y su hija, una niña que soluciona con absoluta normalidad lo que para los adultos podría suponer una situación de “extrañamiento”, de quiebra de lo real (mecanismo que permite equilibrar formalmente realidad y fantasía). Una niña, espectadora del encargo de los generales y protagonista de otra historia paralela, la suya, diseña para su muñeca el disfraz de la paz porque, al fin y al cabo, la paz es el anhelo común, que lo justifica todo.

Narrativamente, el mecánico proceder del sastre queda interrumpido por una desastrosa equivocación, pero él, en lugar de perder la compostura, decide realizar los atuendos encomendados, aunque puedan resultar controvertidos y, al final, ese gesto define un nuevo espíritu de conciliación entre los dos países que han firmado la paz. La secuencia temporal que se detiene en el momento del elemento sorpresivo, del desastre, representa un tiempo exacto y de gran tensión a partir del cual se vuelve a impulsar la historia hacia delante, con gran eficacia, una vez resuelto el dilema moral. Por otra parte, la expresividad de los rostros de la gente corriente, contrasta enormemente con la expresión contenida de los políticos y militares, lo que les dota también de valor narrativo.

Tras este argumento lineal se adivina una profunda reflexión por la manera de enfrentar los problemas. La autora permanece atenta a su entorno, a una sociedad compleja donde importan valores como la resolución de conflictos de intereses, la reutilización de residuos, la amistad, el papel de las mujeres o la función de la tecnología. Presenta al sastre caracterizado por su detallismo, perfección, orden, concentración desde detrás de sus gafas, atributos que, sin embargo, le llevan a hacer una excepción en su riguroso plan de trabajo. Aquí ella se transmuta en el sastre (al fin y al cabo, los dos tienen trabajos artesanales, de detalle y precisión, en los que cabe una resolución original y espontánea), un valiente sastre que asume que una vez aceptado el encargo, ha de resolverlo con oficio. Rocío cocinera, sastre y, a la vez, creadora de esta ficción a la que da forma como demiurgo experimentado, otorgando a sus personajes la capacidad de mostrar sus propias opiniones y de encontrar soluciones óptimas.

Si analizamos algunas secuencias narrativas, la primera doble página, sitúa al lector ante un escenario de guerra, sin ambages, con toda su fealdad y crudeza. La destrucción extemporánea de los hombres que han sido enterrados en ese cementerio real, de incalculable tamaño y factura protestante, se subraya con una geometría inquietante de montañas elevadas, con tanques que parecen monstruos aniquiladores. Después, en la siguiente doble página, se firma la paz y se obliga al lector a fijar la mirada en el centro de la ilustración en un espacio rígido, altamente estructurado, y lleno de detalles, como el tampón para lacrar, las carteras de los estadistas, el secante, una lámpara de gran salón, etc. Hasta el final no se ofrece toda la información necesaria para que la historia funcione, después de haber ocultado narrativamente que las telas estaban destinadas a los vestidos de los integrantes del combo. De nuevo la cara y la cruz de una moneda: la guerra y la paz. Es el mundo al revés, simbolizado por la libertad creativa del combo, que se impone con sus formas caprichosas, extravagantes, hasta el punto de que se acepta que algunos trajes sean menos coloridos, porque la música y el movimiento lo compensan: se aprecia, incluso, el sonido de sus instrumentos con la tensión corporal y los escorzos de los bailarines.

Otros elementos que conforman el atrezzo de este álbum e invitan al lector a realizar diferentes niveles de análisis son: el maniquí, el teléfono de baquelita, las etiquetas de las telas, las tijeras para cortarlas, el jaboncillo, el metro y las reglas para marcar los patrones sobre papel milimétrico. Además, esas telas de colores, que incorporan los fondos marinos, las selvas y jardines tropicales de un mundo soñado son el contrapunto de la guerra y de quienes la hacen y también, ¿por qué no?, un recuerdo a la perfección de una naturaleza trastocada por las guerras de los humanos. Esta recreación de ambientes significativos, con pocos elementos, a modo de bodegones, le exigen documentarse con gran exhaustividad, según el tema a tratar (ballenas, mercados, sastrerías, el arte románico), viajando, incluso, si es necesario.

La técnica pictórica empleada es mixta con lápiz, fotografías, témpera y acuarela, además del collage. Una técnica fuertemente compositiva que muestra el taller del sastre desde diferentes perspectivas cinematográficas, como si la cámara se desplazara desde un plano general, a otro parcial, con panorámicas, picados o primeros planos. Rocío vive su oficio de ilustradora como un reto técnico constante: sus inquietudes se plasman en encuadres asimétricos, rompiendo composiciones, atreviéndose con escorzos o puntos de vista diferentes, en historias paralelas que enriquecen y complementan el texto. También su trabajo consiste en delimitar mediante marcos arquitectónicos, con las cajas que contienen telas o botones, los generales encaramados a sus tarimas, las personas que asisten al desfile desde esos palcos cerrados y simétricos de los que escapa un gato, libre como solo los gatos pueden serlo. Todo queda reforzado con el color: el oscuro para el campo de batalla, los fondos claros de verde esperanza en el despacho de los mandatarios y el arena para el taller de sastrería, mientras el blanco marca el cambio argumental con el contrapunto de los espejos, ya que producen un desplazamiento hacia la solución. Debido a que rompen los límites de lo que se muestra, el lector-espectador asiste, como por “efecto especial”, a varias escenas en una, sin necesidad de cambiar de página (es el procedimiento del cuadro dentro del cuadro, tan utilizado por su admirado Peter Sís), como si fuera un “fuera de campo” interno, que remite a la realidad de Alicia en el espejo. Y ahora sí, os invito a leerlo, a disfrutarlo y a pasar al otro lado del espejo para ver qué hay más allá… y compartirlo con otros lectores.

¡Gracias por tu tiempo, tu trabajo y tus palabras Luisa!

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