28 octubre 2010



Estos son algunos fragmentos del artículo que me invitaron a realizar los miembros de la revista PEONZA y que se publicó en el nº93. En él hablo del trabajo de este gran ilustrador y narrador haciendo similitudes con mi propio trabajo.
Si alguien estuviese interesado en el artículo completo, por favor que contacte conmigo.

Peter Sis

Lo mío hacia Peter Sis no fue un flechazo a primera vista, que va. Las primeras veces que hojeé Madlenka se me antojaba recargado y sus figuras, especialmente Madlenka, me resultaban mal dibujadas, incluso blandas. Pero no hay nada como hacer lo que hay que hacer con un libro y es leerlo: leer el texto y leer la ilustración (¿qué somos los ilustradores sin lo escrito?) Entonces fue cuando empecé a descubrirle.
Hace unos años admiré el trabajo de otro ilustrador Max Velthjuis que también influyó mucho en mí, en especial a la hora de escribir e ilustrar la serie Matías que tengo publicada con Ediciones Ekaré
Peter Sis también habla de relaciones humanas pero de una forma más compleja y situándolas en un mundo real no fantástico como hace Max Velthjuis, sin dejar por ello de darle importancia al mundo de la fantasía y los recuerdos.
Peter Sis convierte además el libro en un objeto total. No desperdicia ningún espacio, desde la portada pasando por las guardas y la página del título. Usa la tipografía como un elemento más de la ilustración, en ocasiones incluso rompe con la composición frontal de la lectura al hacernos “girar” el libro para leer algunas de sus páginas. Aprovecha cada pequeño espacio para contarnos algo.
De Madlenka me gusta además ese sentido de lo global partiendo de lo particular: puede ser cualquier niño. En este caso es una niña que goza de la confianza y la libertad de bajar a la calle y conocer el mundo que la rodea tan importante para crecer y enfrentarse al mundo real. En mi libro María y la luna (Ediciones Anaya, 2010) la niña sufre lo contrario, la tienen tan protegida que no la dejan ni salir del patio de casa. Madlenka podrá vivir el mundo, María se limitará a escapar de él a través de su fantasía, como ya no le vale la fantasía del juego infantil busca refugio en plantar semillas y verlas crecer.
Enfrentarse a la realización de un libro de información para niños es un reto difícil de equilibrio entre los hechos reales y la necesaria fantasía literaria. Me vi en este reto cuando un amigo me invitó a escribir e ilustrar la historia del Rainbow Warrior, el primer barco que tuvo la organización ecologista Greenpeace. La tentación de convertirlo en un cuento sin más es mucha, de hecho la primera versión que yo barajé no tiene nada que ver con la resolución final que hice y en la que influyeron mucho El árbol de la vida y Mensajero de las estrellas: como autores debemos crear nuestra historia pero es fundamental plasmar los hechos reales, empezando por el espíritu de lo que vamos a contar y siguiendo por los datos exactos que le llegarán al lector.
La necesidad que tenemos los autores de compartir lo que vivimos y pensamos me llevó a escribir De cómo nació la memoria de El Bosque (Fondo de Cultura Económica, 2008.Ganadora del X Concurso de Álbum Ilustrado “A la Orilla del Viento”). Partiendo de un hecho autobiográfico, una mesa que recogimos en la calle para “amueblar” mi primer estudio, y la reflexión de qué cosas habría vivido fueron las que iniciaron esta historia.
Aunque, como ya he dicho, en Madlenka encontramos rasgos autobiográficos del autor en El Muro se desnuda y nos muestra cómo fue su infancia y adolescencia en la Checoslovaquia de la Guerra Fría (incluyendo dibujos y fotografías).

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